En ese Hueco… se observan dos manos reposadas sobre una mesa de un bar. Es un típico bar de barrio porteño, ubicado en cualquier esquina de la ciudad. La noche esta sentada disfrutando de su día, mientras una molesta llovizna incomoda a los escasos individuos que aun quedan despiertos.
Ese auto tiene que pasar... se repite una y otra vez, esas manos se están enojando con la espera que cada vez se hace mas insoportable. El cenicero no soporta una sola colilla mas, la atmosfera del lugar es densa y nauseabunda.
Si ese auto no pasa, ella mintió. Pero ella no suele mentir…. bueno, seamos realistas, él supone que ella no debe mentirle. Si no mintió, ese pasajero y efímero alivio le permite vivir algunos días más (quien sabe cuantos) con cierta tranquilidad. Pero, si ella le mintió… el tormento escala aún más… a un lugar insufrible.
Será mejor ver que sucede…
La intranquilidad lo invade, pide que le traigan un whisky esta vez,… el café era para permanecer despierto, eso ya no lo necesita, se dice a si mismo, mejor dejar que los sentimientos se apoderen de él, esa es una de las tantas bondades del alcohol sostiene. La impotencia y la bronca aumentan a medida que ese auto no pasa.
Porque ella tiene que pasar si o si por esa esquina si le dijo la verdad, ella no tiene motivos para mentirle, entonces ¿porque no pasa?, se pregunta una y otra vez. Ella piensa que él es una especie de adversario en algo que no puede dilucidar, ¿pero porque sería su adversario si la amo profundamente?, nunca estuve tan atento y pendiente de nadie como lo hago con ella, ¿porque me hace esto?, algo de eso parece dar vueltas por su cabeza.
Finalmente, se para porque necesita ir al baño, pero sin llegar a dar dos pasos se frena.. ¿y si pasa cuando estoy en el baño? , parece preguntarse. Bueno, en ese caso podría ir y ver si el auto lo estacionó frente a su departamento. La idea no lo convence, porque no vería si llega sola o acompañada. Luego, llama al mozo y le ofrece dinero a cambio de vigilar mientras él vuelve del baño. Este acepta y lo cubre.
En un instante, ya vuelve a su mesa, se lo ve más ansioso… más inquieto… más desesperado. Saca al mozo del lugar con un ademán y se sienta a vivir su cotidianeidad.
Las esperanzas de ver pasar ese auto y que ella ingrese sola a su departamento son cada vez menores,… casi nulas. Por eso mismo, su angustia esta cerca de un limite máximo.
En un pico de desesperación se levanta y parece decidido a dejar todo e ir a buscarla para asegurarse de que ella no mintió. Sin perder de vista la ventana, se acerca al cajero y le paga lo consumido. Vuelve tras sus pasos y al llegar a la puerta se detiene. Piensa que si la encuentra y ella no le mintió él quedará en evidencia. Entonces vuelve a sentarse.
Por cuarta vez, estas manos testigos de esa noche tienen entre si un vaso de whisky. Están inquietas… lo tocan… y se lo llevan a la boca para vaciarlo de una sola vez. El alcohol ya ha logrado su cometido… ha liberado toda clase de sentimientos. Su cara lo dice todo, él mismo parece derrotado, ya no soporta más las sensaciones que invaden su cabeza y su corazón.
En ese instante, en que agacha su cabeza para rendirse, pasa el auto tan ansiado. No llega a verla del todo, por eso se para y sale corriendo del bar en dirección a su departamento.
A lo lejos ve que el auto estaciona, debe ser cuidadoso en no dejarse ver… por eso trata de avanzar escondido. Siente una leve alegría al ver que ella no le mintió, pero ahora lo importante es ver si llego sola.
No quiere que ella lo vea cuando descienda de su coche y por eso camina agachado por el cordón de la vereda cubriéndose con los demás autos estacionados. A una distancia prudente se detiene y levanta su cabeza... ella va cruzando la calle y otra persona cruza en diagonal acercándose a ella.
¿Venía en el auto con ella?, parece preguntarse... la duda lo invade, la angustia lo destruye. Sigue observando, detenido donde esta. Esa persona se dirige a ella… ella parece sorprenderse pero no aminora la marcha ni cambia de rumbo... es mas, se detiene frente a la puerta del edificio mientras espera que esta persona se acerque.
Le toma el brazo donde tiene colgada su cartera y ella parece tensa, pero no opone demasiada resistencia. Él no entiende que pasa, pero lo único que tiene en su cabeza es si bajaron juntos del auto, y quien es esa persona. ¿Por qué le mintió?, ¿Por qué le hace esto a él? Ya no queda nada de las horas de angustia preguntándose si el auto pasaría o no por aquella esquina. Ahora, el problema es otro.
A ella la nota incomoda y sorprendida, pero no da señales de retirarse y entrar a su departamento. De repente la persona, aun tomándola del brazo, mete su mano en el bolsillo de la campera saca una pistola, le dispara en el pecho y sale corriendo hacia la oscuridad.
El se desespera, se vuelve loco, no sabe que hacer. ¿Vuelve como si nunca hubiera estado ahí? o ¿se acerca a ella? Decide cruzar la calle corriendo e ir a su auxilio.
Ella esta tirada sobre la vereda bañada en sangre. La recoge con sus brazos para mirarla a los ojos. Ella ya esta muerta. La tristeza, impotencia y angustia se apoderan de él y llora como nunca en su vida. No puede creer lo sucedido, la perdió para siempre.
Luego de un largo tiempo, sigue tendido allí en el piso con ella entre sus brazos llorando, pero siente algo raro. No esta llorándola.
De repente la suelta, se incorpora y comienza a caminar. Ella murió, ya no es suya, pero tampoco de nadie mas. Prende un cigarrillo y se va a vivir su vida.
jueves, 27 de mayo de 2010
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